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Actualizaciones de red / Perú / 2020-10-08

AUMENTAR LAS COSECHAS Y LA CONCIENCIA AMBIENTAL:
LOS AGRICULTORES ADOPTAN EN EL PERÚ UNA AGRICULTURA DE CONSERVACIÓN Y SIN QUEMAS

Manolo Rojas recurrió a la agricultura de conservación porque le preocupaba el planeta. Pero cuando empezaron a aumentar la calidad y la cantidad de sus cosechas, los agricultores de su entorno comenzaron a prestarle atención

Perú
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Hace dos años, Manolo Rojas estaba preparando los campos para plantar guisantes verdes en su finca de Huayao, en el centro del Perú, como siempre lo había hecho: quemando los rastrojos de la cosecha precedente y labrando el suelo. Cuando un técnico de la organización humanitaria CARE International se le acercó y le dijo que obtendría mejores resultados si no hacía ninguna de esas cosas, reaccionó con escepticismo.

«No parecía lógico», dijo Rojas. Después de todo, así es como los agricultores de todo el mundo araban los campos entre cosechas. Pero Rojas había comenzado a ver rocas en la superficie de sus campos, lo que, como sabía, significaba que estaba perdiendo el suelo vegetal, rico en nutrientes y necesario para obtener una buena cosecha. También había comenzado a preocuparse más por el cambio climático, de ahí que cuando el técnico le dijo que la quema agrícola a cielo abierto era responsable de más de un tercio de todas las emisiones de carbono negro, un contaminante climático de corta vida que contribuye a la contaminación atmosférica, el cambio climático y el aumento del derretimiento de la criosfera (las zonas con nieve y hielo), su interés se despertó.

Manolo Rojas (izquierda) con el experto en agricultura de conservación Ademir Calegari

«Si no lo intentamos, no podemos saber si funciona,» dijo. «Así que decidí dar una oportunidad a este técnico y proba su sistema.»

Han pasado dos años y Rojas está impresionado por el cambio que ha dado su granja y su vida. No solo han desaparecido las rocas sino que empieza a volver a ver lombrices de tierra e insectos en el suelo, de nuevo rico y oscuro, donde planta maíz, zanahorias y otras hortalizas. Mejor aún, sus cosechas son tan abundantes o más que antes. Desde que conoció a su esposa en la universidad y se mudó a su ciudad natal para dedicarse a la agricultura no había visto el suelo tan saludable.

«Me comprometí con el proyecto porque estaba preocupado por el cambio climático y todos los problemas climáticos que afrontamos. Sé que si no nos cuidamos del medio ambiente, en el futuro tendremos que hacer frente a una disminución de las cosechas y de la producción. Ahora que lo he hecho, me doy cuenta de que también ha impulsado la producción, y ello me hace muy feliz.»

Las enseñanzas extraídas por Rojas formaban parte de un proyecto puesto en práctica por  CARE Perú con la coordinación internacional de la International Cryosphere Climate Initiative (ICCI) que ayudó a los agricultores a conocer la agricultura de conservación por medio de formaciones y viajes de estudio.

Sé que si no nos cuidamos del medio ambiente, en el futuro tendremos que hacer frente a una disminución de las cosechas y de la producción.

manolo rojas

Agricultor que practica la agricultura de conservación, Perú.

Las iniciativa de agricultura de la Coalición Clima y Aire Limpio (CCAC) da apoyo a las redes y proyectos regionales que facilitan la adopción de alternativas a la quema a cielo abierto. La aplicación de estos métodos que evitan la quema podría reducir a la mitad las emisiones mundiales de carbono negro, al tiempo que proporcionaría beneficios económicos y sociales a agricultores como Rojas.

Desde 2014, la CCAC ha colaborado con la ICCI para afrontar este problema con asociados locales por conducto de proyectos de demostración llevados a cabo en el Perú y la India.

En el Perú, el proyecto de demostración se aplicó con el apoyo de CARE Perú y el Instituto Nacional de Innovación Agraria para Perú.

La agricultura de conservación está repuntando en todo el mundo, impulsada por los logros de agricultores que, como Rojas, han participado en este tipo de proyectos. De hecho, está sustituyendo a la agricultura de labranza convencional a un ritmo de 10 millones de hectáreas de tierras de cultivo cada año.

Los agricultores examinan la cobertura del suelo en una parcela de agricultura de conservación de 7 años durante una gira de estudio de CARE Perú en Cañete, Perú. (Foto: Odon Zelarayan)

La práctica entraña una perturbación mecánica mínima o nula, pues recurre a la técnica denominada de siembra directa, es decir, sin arado. En lugar de quemar los rastrojos de la cosecha para despejar el terreno para la siembra siguiente, se conservan y se utilizan como cubierta orgánica protectora del suelo, lo que ayuda a retener la humedad y hace al suelo más saludable y menos propenso a erosionarse. También utiliza la rotación de cultivos para optimizar los nutrientes del suelo y combatir plagas y malezas. La agricultura de conservación no solo suele aumentar la cosecha sino que también hace que los cultivos sean más resistentes a los eventos extremos, lo que la convierte en una posible estrategia de adaptación al cambio climático.

La quema a cielo abierto, que se define como toda quema intencional en el sector agropecuario, pero excluye las quemas prescritas en tierras silvestres, no es algo que solo hagan los agricultores peruanos. Se practica ampliamente en todo el mundo como una forma barata y rápida de eliminar el exceso de rastrojos de los cultivos precedentes. Existe la idea errónea de que la quema ayuda a fertilizar el suelo, pero en realidad lo despoja de nutrientes, pues destruye la materia orgánica. Ello significa que los agricultores gastan más dinero agregando fertilizantes para mantener los rendimientos de sus cultivos. Recurriendo a la agricultura de conservación, los agricultores pueden mejorar las cosechas de trigo, por ejemplo, en un 10% dentro de los primeros dos años.

La quema al aire libre supone un gran problema en la India, donde la CCAC también está aplicando un enfoque múltiple para eliminar la práctica, que incluye formar a los agricultores y ayudarlos a acceder a alternativas, vigilar los incendios y su impacto utilizando satélites, ayudar a transformar los rastrojos agrícolas en un recurso y apoyar las intervenciones de política tales como la reglamentación de la quema o la concesión de subvenciones para mejorar los equipos agrícolas.

Siembra de frijoles en rastrojo de trigo en una finca de agricultura de conservación en Acobamba, Perú. (Foto: Odon Zelarayan)

«Ya no destruyo el medio ambiente, porque no practico la quema y presto atención a la materia orgánica,» dice Rojas. «Antes, cuando quemaba, contaminaba el medio ambiente, mientras que hoy día ya no lo hago, y ello me hace muy feliz.»

Añade que también son evidentes otros beneficios más inmediatos y personales. «Obtengo un producto de más calidad, frutas y hortalizas que pesan más y saben mejor. Vendo mis productos para consumo humano, así que eso realmente importa.»

Rojas dice que él y su esposa también se han beneficiado del tiempo que ahorran, tiempo que ahora pueden pasar con su hijo que acaba de terminar la facultad de derecho. También hay compensaciones financieras. Rojas calcula que ha ahorrado $ 200 por hectárea y año desde que adoptó las técnicas de la agricultura de conservación, porque es más fácil preparar el campo para la siembra. La agricultura de conservación ahorra dinero de labranza y de riego, pues reduce la frecuencia con que se necesitan. Los agricultores también ahorran dinero en concepto de trabajo manual, combustible y fertilizantes, hasta en un 50% neto.

Rojas no estaba solo: el proyecto ha tenido tasas de éxito impresionantes, en parte porque los agricultores como Rojas proporcionan liderazgo y ejemplos estelares de las formas en que la agricultura de conservación puede mejorar la situación de los agricultores, y del planeta. De los 32 agricultores que participaron en la capacitación, 23 ya no practican la quema. Las cosechas tanto de guisantes verdes como de maíz aumentaron como resultado de la nueva práctica agrícola.

«Empecé por mi cuenta, pero quiero llevar a otros a continuar con el cambio,» dijo Rojas.

Los agricultores examinan una parcela de habas en un viaje de estudios. Acobamba, Perú (Foto: Odon Zelarayan)

«Creo que el cambio más importantes que he visto en Manolo y en otros agricultores que he conocido a lo largo del proyecto ha sido el cambio de mentalidad,» dijo Juliana Albertengo, Coordinadora de Quema Abierta de ICCI Andes. «Han abierto sus mentes y han aprendido a pensar sistémicamente. En lugar de pensar en términos de cultivos individuales, han aprendido a ver todo como un sistema que incluye tanto las consideraciones económicas como el clima.»

Hay otro beneficio ambiental del método: también ayuda a ahorrar agua. Rojas dice que solía regar sus cultivos cada 10 a15 días, pero ahora pueden espaciar mucho más, porque el suelo retiene mejor la humedad gracias a la cobertura de rastrojos.

«El agua es un recurso limitado aquí, y esos recursos están desapareciendo. De modo que sabemos que tenemos que cuidar los recursos que tenemos,» dijo.

Esto es particularmente importante en el lugar de procedencia de Rojas, dado que el glaciar Huaytapallana es la principal fuente de abastecimiento de agua de Huancayo. En los últimos 20 años, el zona del glaciar cubierta de nieve se ha reducido en un 50%, lo que es un dato devastador dado que de ahí procede el 40% del agua del río que es la fuente principal de agua potable. El carbono negro de la quema agrícola a cielo abierto es un factor principal de la degradación de los glaciares, ya que las partículas de carbono negro se depositan sobre la nieve y el hielo y reducen el albedo de la superficie, es decir, la capacidad de reflejar la luz del sol.

«Aunque no se trate más que de una gota en el océano en lo que se refiere al cambio climático, soy muy feliz por ello,» dijo Rojas. «Algún día nos iremos, y si no hacemos nada hoy, dejaremos el problema a nuestros hijos, por lo que tenemos que preocuparnos por el futuro. Eso es lo más importante.»

Publicado también en la CCAC